Mi espalda se refleja en la del insecto, la del insecto de refleja en la mía, somos dos y nunca uno mismo. Yo dependo de el y el depende de mi, pero nuestros destinos no están unidos. El mundo gira para recordarnos nuestra nuestra existencia del otro. Mi cara no es la del insecto, ni la de el la mía, reímos cuando el otro llora, lloramos cuando el otro ríe y cuando es momento de decir adiós no decimos nada, nos damos la vuelta, nos damos la espalda y mi espalda se refleja en la del insecto, es incierto si la suya se refleja en la mía.
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